Thursday, 12 November 2015

Je rêvais de ma liberté.


Anoche soñé con mi libertad. Fue casi un sueño erótico, una verdad. Mi alma danzaba ligera y mi corazón lloraba de felicidad. En mi rostro se podía notar un calambre en las mejillas con tono rojizo. Parloteaba y saltaba como una niña sin parar. Mi cabello corto, oscuro, estilizado... recorría el viento de una forma tan familiar, como si fuese un expatriado regresando a su hogar. Mi ropa ligera, camisa blanca de pecho semi abierto y pantalones olgados de mezclilla negra y zapatos blancos de la marca converse percudidos por el uso y casi marrones definían mi verdadero ser. Esa persona saltarina de vestimenta despreocupada y sin combinar conocía bien el sabor de la libertad; entendía los riesgos y abrazaba la impulsividad del momento. Atractiva, segura e irresistible, era dueña de masas y líder de trayectos, de andares nocturnos. Nunca se cansaba, ni se rendía, ni lloraba. Nunca lamentaba no poder jugar; porque pertenecía al equipo, era la atleta principal.
Al salir de casa, se encontró con un camino de arena y posó sus pies suavemente y enseguida comenzó a pisar. Solamente notaba la belleza conjunta y no la singularidad. Amaba el todo, el extremo, la sensación completa. Amaba sentirse llena, amaba gritar, correr, amaba amar.
Su camino estaba rodeado de intelectuales, de bellezas, de romances. Al pasar, ella tocaba, ella aprendía a vivir, se enamoraba y disfrutaba tanto, como si uno mordiera el fruto más fresco y dulce de la temporada. Ella era feliz, era libre, era ella, era yo.
Dos amantes tocaron a su puerta; el seguro y la interesante. Pero ella se rodeaba de fruto. Su jardín era vasto e interminable. Ella decidía qué, cuándo y con cuál. Pero a ella le gustaba el halago; en ocasiones se regocijaba de vanidad y con justa razón, pues en su infancia no tuvo más que rechazo y lastima. Al caminar y reír, ella andaba libre y se sentía entera. Pasaba de mesa en mesa a saludar, y el mundo la quería y la invitaba a entrar. Entonces se topó con una mística tan radiante como la luz misma, tan exótica y tan real. Era como la creación prima del científico loco y perfeccionista, era un deleite de mirar. Y ni el seguro, ni la interesante... fue la exótica, quien la ganó con su falta de interés y su curiosidad. Al entrar a la cámara secreta hubo disgusto y lágrimas de otros, gritos y peleas. Ella provocaba tal estruendo que arrebataba los corazones de la gente sin siquiera tocar.
Pero otra luz al horizonte cautivó a la exótica antes de terminar y entonces caminó arduo y sin parar. Y ella, tan confundida... se quedó sola y sin nadie a quien amar.
Y en su deseo de continuar la despertó su eco en la oscuridad y abrió los ojos nuevamente y descubrió con turbios suspiros que seguía atrapada y sin paz.
Jess J. Mount

No comments: