Es difícil borrar una mancha permanente. Es redundante repetir los intentos de olvido.
Cuando pienso en ti, siento que casi me ahogo en un mar de
dudas. La emoción regresa a mí como si lo estuviera viviendo en presente. Hace frío,
tiemblo, me duele. También empatizo pero evito sonreír. Evito transformar los
recuerdos en mi mente. La distorsión monstruosa que los años, el dolor y el
orgullo crearon, son casi irreversibles. Queda un hueco… quizá. Pero no
pretendo llenarlo otra vez. No hay forma de volver atrás ni razón para indagar
en el pasado.
Un reloj sumergido se ha ido para siempre, es tiempo perdido,
es óxido y lodo y piezas faltantes y si embonar. No hay tal suerte que logre
recuperar cada tuerca o resolver el misterio del futuro ficticio. Sólo queda
adueñarse de otro. Uno cálido, hecho de
piel y que quede ajustado. Con piezas nuevas y brillantes y con batería solar
para que dure una eternidad. Así, mientras brille el sol… brillarán tus sueños,
tu vida y tu corazón.
Me quedo al borde al pensar, si piensas en mí. Quiero saber
si por épocas te he pensado sola o has pensado en mí. Qué ves cuando me ves? De
qué se nutren tus ideas de mi? Quién arrebata tus pesadillas y te obliga las lágrimas
nocturnas? Ese suspiro inconsciente que escapa sólo en sueños de terror. Y de
angustia encerrada en la infinita cuestión sin resolver. Para qué revivir a la
muerte cuando ya está podrida?
Las veo a ellas y me recuerdan a mí, a ti, al viejo “tú y yo”
que existió hace ya largos otoños. A la quizá falsa historia de mí “contigo
pero sin ti”. Al espejismo de realidad en el que vivía, a la mentira más
perfecta que jamás creí presenciar. Cómo puede alguien fingir tan bien y seguir
adelante sin remordimiento? Cómo puedes
ser capaz de repetir la historia y reencarnar tu demonio en otras almas buenas,
una y otra vez? Te he visto de lejos, hacérselo a tres además de mí. Y antes te
vi hacerlo mientras usabas de mí. Utilizas la ventaja de la inocencia y la idealización
de la primera vez. Interrumpes a la mitad de la creación y te impones como una estampa en la pintura, como algo ajeno,
fuera de contexto y de regulación. Tu
presencia arruina la obra pero le da un toque curioso de novedad, de
espontaneidad. Cuándo dejarás de pinchar al mono de trapo que me representa y
empezaras a limpiar tu corazón? A perdonarte? A ser real? A creer en la confianza y en la devoción?, A
comprometerte a costa de la superficialidad del deseo?, A crecer y a hacer
crecer?
Jess Mount.

No comments:
Post a Comment